sábado, 27 de agosto de 2011

Extraído de Filosofía barata.


De lo pequeño a lo grande.
(Aplicado a la sociedad)

Todas las cosas parecen construirse o desarrollarse a partir de lo más ínfimo. Para cada cosa existe una primera unidad que, agrupada con otras de su misma o diferente especie, terminan por convertirse en algo... o en alguien.
Es demasiado obvio e innecesario aplicar el concepto a los seres orgánicos e inorgánicos una vez que se conoce el mecanismo que les da origen.

Quisiera trasladar el concepto al plano social, para poder entender como se llega al terrible modelo que padecemos y padecen millones de personas en todo el mundo.
Ya dije que las leyes de la naturaleza me parecen abominables. No me complace comprobar que es real: parecen ser la supervivencia y predominio, del más fuerte.

Entonces ¿el más fuerte se convierte (a juzgar por los resultados) en perverso, estúpido o indiferente respecto a su posición en el mundo? ¿Vela más por su bienestar y/o por el de sus elegidos, en vez de hacerlo por el bien común? ¿En vez de “aprovechar” sus cualidades “se aprovecha” de ellas?
Para dominar, depreda y arrasa con lo que se interponga en su camino, ya sea ética o simple empatía. Y siempre encuentra una justificación que declama con palabras rimbombantes, declaradas como “verdad” “justicia” “derecho” etc etc rotuladas por el sistema político imperante. Quienes no comparten su ideología, son enemigos que deben ser destruidos.

Nos han enseñado que los humanos tendemos a la felicidad como algo inherente a la propia “humanidad”. Entonces... ¿porqué tanto sufrimiento?
Tengo mi propia teoría (obviamente muy criticada por mis allegados, je) a la que iré agregando conceptos de gente, que sabe sobre el mecanismo interactivo que nos hace ser lo que somos.
Principalmente creo que la sociedad es enferma. Que los que la diseñaron están tan mal de la cabeza, como quienes continúan ad eternum por los mismos caminos, sin importar cual sea su raza o ideología. Aunque está comprobado, que algunas funcionan mejore que otras. Han promulgado leyes que sirven, e instituciones que no pueden ser burladas ni cambiadas, de no ser por una muy buena razón o gran consenso.

Se tiene mucho miedo a la palabra “locura”, en cuanto a aceptar los desbordes que nos impone nuestra constitución esencialmente electroquímica y todo eso que, desde el cerebro, comanda nuestros sentimientos y acciones.
¿El cerebro? Ah, sí. Créase o no ¡existe! Es un órgano que también puede enfermarse, como el hígado, el corazón o los pulmones, por mencionar algunos. Pero respecto a esto los prejuicios son tan enormes y al parecer inamovibles, que hace que el desastre para la mayoría continúe, sin posibilidades reales de cambio.

Por ejemplo, cada vez que escudriñamos el pasado, observamos el presente, o imaginamos el futuro, encontramos un panorama similar: el 80% de todos los recursos está en manos del 20% más poderoso.
Bueno, si somos optimistas, deberíamos pensar que... ¡al menos todavía queda un 20% para repartir con el 80% restante!
Tal vez con mucha imaginación, una pizca de honradez, y sentido común (la inteligencia emocional merece otra página) para administrar...
Aunque sería bastante difícil, porque millones de personas tendrían que aprender a pensar, cosa que el mencionado 20% trata denodadamente de que no suceda.

El sistema es una forja de seres marginales (entendiéndose “marginal” como “fuera del margen mínimo de bienestar”) De ahí se consiguen soldados, prostitutas, domésticas, obreros, y oscuros seres sin importancia que a veces se rebelan y molestan. La palabra “forja” tan guerrera, suena especialmente espantosa aplicada a los seres humanos, suena a “fabricados ex profeso”.
Sin embargo, en eso se ha convertido la procreación sin ton ni son, en tanto y en cuanto se respeta hipócritamente el derecho a nacer, pero no el de tener una vida digna y  el de llegar a ser todo lo sanos y felices que se pueda.
Un amigo que estuvo en Argelia hace varios años, me contó como habían logrado paliar la pobreza extrema hasta que, con el correr del tiempo, las familias fueron siendo cada vez más prolíficas, pero sin contar con más recursos que los ya obtenidos...
El resultado es que se bajó a los niveles anteriores, con muchas menos posibilidades de mejorar.
Simplificando: tengo una torta para mi pareja y para mí. Nace un hijo y la repartimos entre los tres. Nacen dos hijos... y así sucesivamente. Cada vez somos más, y los recursos son siempre los mismos.
No es nada difícil de entender aunque resulte muy molesto.

Nos enseñaron como la sociedad se basa en el individuo que sería la unidad, y luego se constituye en la agrupación más básica, la familia.
A partir de ahí entra en juego como nos relacionamos comunitariamente con los vecinos formando un barrio, que a su vez se extiende hasta convertirse en un pueblo, y luego, quizás, en una ciudad. Varias ciudades con todo su entorno, forman un país.
Es un sistema complejo, porque no siempre trabaja con la inteligencia emocional que es, sobre todo, sentido común. Éste es el bien esencial que se ha perdido, si es que alguna vez existió, y que se diferencia de la maldad, porque carece de estupidez.
Un ejemplo, es el de alguien obsesionado en colgar un cuadrito en la pared de una casa que aún no tiene techo (lo he visto personalmente)
La maldad es otro tema fascinante. Pero no se pueden mezclar tanto las cosas... que quede para la próxima, si es que la hay.

Enero de 2011.

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